El testimonio de una madre de dos chicos nacidos en Ucrania

Actualmente hay 200.00 niños en los orfanatos del país

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hijos de Ucrania
Foto: Pilar Ortega

Esta semana hacemos una excepción con este tema. No habla de ocio, de planes en la naturaleza, ni de espectáculos ni escapadas en familia, pero sí ‘habla’ de niños y de una madre. También pone de manifiesto la terrible realidad del conflicto bélico que ha provocado la invasión de Ucrania por parte de Rusia: la guerra cruel, que no deberían vivir ni niños ni adultos. Hablamos con nuestra querida amiga Pilar Ortega, periodista de largo recorrido y magnífica madre de dos chicos. Sus hijos nacieron en Ucrania. En su hogar las preguntas de sus hijos -hoy rozan la mayoría de edad- se suceden, los recuerdos y el dolor también.

Con la sensibilidad a flor de piel y con la tristeza y la rabia que nos han dejado las imágenes que hemos visto en televisión y en la prensa, hablamos con Pilar de Miguel y Pablo, que, aunque viven lejos, están muy cerca del conflicto.

La historia de Miguel, Pablo y Pilar

El 6 de noviembre de 2004 un pequeño grupo de amigos nos sumamos a la familia de Pilar para esperar la llegada, procedente de Ucrania, de su hijo mayor. Recuerdo la emoción que sentimos al verla aparecer con un bebé precioso en brazos. Su nombre: Iliá, Pablo Iliá. Hoy Pablo acaba de cumplir 18 años y es un chico encantador apasionado por la tecnología, los aviones, los trenes… Miguel Vladik, su hermano menor, llegó a España, desde la bella Odesa, en 2007, ya con 3 años cumplidos, y se adaptó rápidamente a las costumbres de nuestro país y aprendió el español en dos semanas. Hoy ambos, como su madre, como todo el mundo, se hacen muchas preguntas.

Pilar nos cuenta lo que su hijo mayor le dijo cuando estalló el conflicto bélico: Mamá, qué triste es todo esto. Menos mal que estamos en España, porque si no… Y menos mal que no tenemos la doble nacionalidad, porque si no, tendríamos que irnos allí. ¿Mamá, qué pasará con todas esas personas? ¿Dónde van? ¿Hasta cuándo?”

Son preguntas lógicas, sin respuesta, que zarandean su corta biografía, que desgarran aún más sus orígenes porque no entienden que casi dos millones de ucranianos tengan que dejar atrás un rico caudal de vida, un reguero inmenso de emociones, de experiencias, sus casas, sus escuelas, sus ciudades…

hijos de Ucrania lejos del conflicto
Miguel con 3 años en el Consulado de Ucrania en Madrid. Foto: Pilar Ortega

Hace unos días, Pilar se topó con una foto de su hijo Miguel al poco tiempo de llegar a nuestro país. “No sabía que tenía archivada esa foto. Se la tomé a mi hijo Miguel en el Consulado de Ucrania en Madrid, junto a la bandera de su país natal. Y al descubrirla estos días me ha removido y me ha obligado a escribir unas líneas como desahogo, unas reflexiones a vuelapluma, porque esta imagen me parecía que ahora cobraba mucho sentido”.

Tres ciudades, un país y muchos recuerdos

Pilar nos habla de las ciudades de nacimiento de sus chicos, en las que ella pasó una buena temporada y que recuerda con cariño, ésas que hoy les ‘duelen’ a los tres y a su familia.  “Mis hijos son de dos ciudades que siempre formarán parte de nuestra geografía emocional: Odesa y Kirovogrado (hoy Kropevnitski). La ciudad de Miguel, Odesa, tiene una escalinata interminable que conduce al puerto y donde se rodó la célebre película de Eisenstein El acorazado Potemkin, tiene museos, tiene un espectacular teatro de ópera, tiene parques, tiene jardines, tiene barrios y edificios preciosos… y un orfanato, el número 3, que ahora recuerdo a diario”.

Y continua, “Kirovogrado también es famosa por ser la cuna de la dramaturgia ucraniana, por su increíble fortaleza y por su bella Catedral Griega. De aquí salió mio hijo Pablo Iliá. Y otra ciudad que también forma parte de nuestro archivo sentimental es Kiev, porque en esta ciudad histórica pasamos momentos muy bonitos, junto a la espectacular avenida Khreshchatyk, y en la monumental plaza Maidan, durante los días previos al regreso a España”.

Por último, “en Kiev había que terminar la documentación que nos permitiría volver a casa. Era el momento de la burocracia, los plazos se alargaban y en nuestras conversaciones cobraban protagonismo palabras como documentos, traducciones, apostillas de La Haya… Una papeleo que parecía no tener fin. Era imposible saber cuándo podríamos encontrarnos con los nuestros”.

El dolor (que no corresponde) de muchos niños

Recuerdan Pilar y sus hijos que en Ucrania quedan muchos niños -más de 200.000- en los orfanatos. Y su suerte hoy, salvo que Europa o algún organismdo internacional lo remedie, está sometida al albur de las bombas. Hay que sacar a estos niños de Ucrania y de este desastre. Parece que algunos países de Europa, entre ellos España, se movilizan. Es un asunto de urgencia. Toca pensar en los niños que han relevado a los que estuvieron en su día junto a Miguel y Pablo: en Maxim, en Yurik, en Sasha, en Vitali, en Vladislav… En todos ellos y en todos los niños del mundo obligados a ser testigos del horror de la guerra.