Nos pillará el toro (de nuevo) en la vuelta al cole

Este curso escolar ha dejado patente la 'brecha digital' existente en la actualidad en España

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vuelta al cole curso escolar

Desde que la ministra Celaá anunciara hace ya algunas semanas que, si no hay remedio frente al coronavirus para entonces, los centros educativos tendrán que estar a la mitad de su capacidad en el inicio del próximo curso en el mes de septiembre, no son pocas las voces que aventuran que esa medida, a día de hoy, no será posible llevarla a la práctica.

Esta medida implica que el 50% de los alumnos acudan a clases de forma presencial mientras que el 50% restante sigue el curso telemáticamente. Desde esta perspectiva ya surge la primera gran incógnita ¿Quiénes acuden a los centros y quienes se quedan en casa?

La desigualdad de condiciones entre alumnos sería patente ya que no es lo mismo tener contacto directo con el profesor, que verlo a través de una pantalla. Por otra parte, los alumnos telemáticos estarían privados de la imprescindible socialización, que es una parte fundamental de la educación de niños y jóvenes.

Se alternarán las clases presenciales y telemáticas

clases presenciales y telemáticas

Una de las soluciones planteadas a este problema es que los alumnos se alternen entre clases presenciales y telemáticas, algo que seguramente no resolverá los problemas de desigualdad ¿Cómo se decidirá quién acudirá a cada clase? En función de cada asignatura y el contenido concreto que se afronte en cada sesión, la presencia física puede resultar determinante en la asimilación de los contenidos.

Por otro lado, el final del curso actual ha dejado patente la ‘brecha digital’ existente en la actualidad en España y que está lejos de subsanarse. Son muchas las familias que no disponen de conexiones remotas adecuadas, equipos adaptados a las necesidades telemáticas, familias numerosas con un solo ordenador en el hogar, etc. Y ésos alumnos resultarían gravemente perjudicados en los ‘momentos telemáticos’.

La pelota en manos de las Comunidades Autónomas

Algunas comunidades autónomas, como la de Madrid, ya han rechazado esta posibilidad y se plantean otras medidas como el incremento de la higiene, el distanciamiento entre alumnos en las aulas, el establecimiento de turnos tanto en aulas como en recreos y los horarios escalonados, entre otras. Este tipo de medidas serían mucho más igualitarias, sin ninguna duda, pero también difíciles de poner en práctica.

En cualquier caso, aunque las competencias de educación estén en manos de las comunidades autónomas, es indudable que el Gobierno tendrá que destinar muchos recursos para que el sistema educativo funcione y sea verdaderamente igualitario.

Tecnológicamente, habrá que adecuar las plataformas digitales, ajustar los currículos, proporcionar las herramientas adecuadas y la formación necesaria a los profesores, será necesario que todos los alumnos cuenten con los medios tecnológicos imprescindibles en sus hogares, se tienen que crear contenidos digitales de calidad…

Pero dejando la tecnología aparte, existen otros muchos obstáculos a salvar como, por ejemplo, el incremento de profesores (si se desdoblan las aulas, serán necesarios), la conciliación familiar (padres trabajando mientras sus hijos permanecen solos en casa), problemas de transporte (la ‘nueva normalidad’ exigirá muchos más autobuses escolares) o la alimentación de los escolares (ya sea en los comedores de los centros o en los hogares sin la presencia de los padres), entre otras muchas cuestiones a resolver antes de retomar este curso escolar.

Vuelta a la improvisación

No es que pretenda ser catastrofista, pero dada la constante improvisación que ha mostrado el Gobierno en cada una de las medidas adoptadas desde que comenzó la crisis del coronavirus, no puedo presentar una visión optimista sobre nuestros niños de cara al inicio del próximo curso escolar. Tiempo hay para preparar la vuelta al cole en septiembre, pero se necesita una importante inversión económica para que ésta sea verdaderamente efectiva y mucho me temo que buena parte de los presupuestos se destinarán a los subsidios de la gente que se ha quedado sin trabajo.

Finalmente, se me ocurre que es posible que nuestros gobernantes se dejen llevar por la euforia de una pandemia superada gracias a los efectos de las altas temperaturas del verano. Podrían incluso decidir que no es necesario prever medidas ante el más que posible rebrote del coronavirus que anuncian los expertos de todo el mundo en el mes de octubre, con el curso ya iniciado en septiembre. Nos encontraríamos, entonces, ante las habituales improvisaciones de última hora y nos pillará el toro (como siempre) en la vuelta al cole.