La novia de papá versus el novio de mamá

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Miles de niños en nuestro país viven en custodia compartida con sus padres divorciados. Ya no es un drama, pero sí un tema a tratar con suma delicadeza. Hay niños que hablan de la suerte de tener dos casas, pero no siempre es así. Y muchas veces el problema aumenta y se agrava cuando uno de los progenitores rehace su vida con una nueva pareja. Olivia, que tenía 8 años cuando sus padres se separaron, no aceptó a la novia de su padre. “Ella no es mi segunda madre”, repetía a quien la quisiera escuchar (que éramos muchos y la entendíamos). Pero Elena, la novia de su padre (42 años entonces, soltera y sin hijos), no quería ser su otra madre. Le gustaban y le gustan los niños, era cariñosa con Olivia y con su hermano Daniel, de 6 años. El niño lo asumió y no vio en la novia de papá a una rival de su madre. Olivia, sí.

Rivalidad por el amor del padre

El caso de esta niña es bastante frecuente. En opinión de la psicóloga y psicoanalista Blanca Munguía*, “existe una rivalidad por el amor del padre entre la pequeña y la pareja de él. Es una cuestión edípica, porque el padre es el objeto que ella ha elegido, su primer amor masculino y, además, la niña se identifica con su madre, porque a ella también le han quitado el amor de papá. El niño no rivaliza con esa mujer, es mucho menos frecuente”.

De la madre nunca hay duda. Como se decía antes, “madre solo hay una”. Y es cierto, biológicamente es indiscutible. La mamá de Olivia y Daniel rehízo su vida sentimental años después, y la niña y su hermano lo aceptaron. El novio de mamá jugaba al fútbol con ellos, no les exigía nada y ellos pensaban –cierto- que no suplantaba a su padre. Pero también era verdad que Elena nunca intentó protagonizar otro papel que el que el padre de los chicos le dio, el de ser su pareja. “En el caso de la nueva pareja de la madre –señala la psicóloga- no hay tanto problema, porque el padre es intercambiable.

Y esto no quiere decir que ese hombre sustituya a su verdadero padre; ellos no dudan, su madre les ha dejado claro quién es su padre. La otra persona es el novio de mamá. Ella no necesita un segundo padre para sus hijos; si tiene una nueva pareja es por amor, no por necesidad. Mientras el hombre necesita más la presencia continua de una mujer en su vida”.

El tiempo es fundamental

Y es que puede ocurrir al revés que en el caso de la pequeña Olivia, que los niños no acepten a la nueva pareja de su madre. Parece que es menos habitual, casi siempre porque las mujeres tardan más tiempo en hacer pública su nueva vida ante los hijos. Ellas suelen tener –aunque no deje de ser una generalidad- su mundo más organizado; casi siempre pasan más tiempo con los niños y les cuesta reconocer un nuevo amor de verdad.

En ambos casos, padres y madres, deben actuar con paciencia, cariño y comprensión. Hablar con los chicos –y también con su ex cónyuge- antes de presentar al novio/a y estar seguros de esa nueva relación antes de hacerlo, porque muchas veces las parejas que se forman tras una separación son fugaces y eso puede desconcertar más a los hijos. Hay que dar tiempo, ya que solo el proceso de divorcio ha podido dejar alguna cicatriz en los hijos que, ante esta nueva situación, se puede reabrir. Hay que hablarles de esas personas antes de que su presencia sea física. Con el tiempo y la ayuda –que en el caso de Olivia tuvo que ser también profesional; la niña asistió a terapia, algo no siempre necesario– todo llega a buen puerto.

También puede ocurrir que esta renuncia a que sus padres –uno u otra- sean felices con otras personas se deba a que los peques pierden la esperanza de que sus progenitores vuelvan a estar juntos. Pero es una cuestión que el tiempo –como siempre- también arregla. Los padres, y eso sí es fundamental, deben llegar a un consenso por aquellos a quienes más quieren, sus hijos, que algún día también tomarán la decisión de poner rumbo a sus vidas sentimentales.

*Blanca Munguía Benito ejerce como psicóloga y psicoanalista en Madrid (Telf. 617 99 84 87).