Transmitid a vuestros hijos los valores de «El Principito»

El libro puede interpretarse de muchas maneras, todas positivas

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Cuento de El Principito

Cuando en 1943 el escritor y piloto profesional francés Antoine de Saint-Exupéry escribió “El Principito”, con uno de sus protagonistas que, en realidad, era su alter ego, lo dirigió a los niños, aun a sabiendas de que esos pequeños lectores interpretarían su contenido y mensajes años después. Lo dotó de bellas ilustraciones –realizadas por él mismo- y años después consiguió que se convirtiese en uno de los libros más vendidos y traducidos del mundo. Él no lo pudo ver; desapareció en vuelo, un año después de escribirlo, en una misión aérea de reconocimiento con destino a Córcega.

Muchos de vosotros leísteis el libro cuando eráis niños. Es una buena propuesta para que lo releáis –y si no lo habéis leído lo hagáis ahora- y lo comentéis con vuestros hijos. Porque, aunque su lectura está recomendada a partir de los 7 años de edad, los valores que transmite –muy importantes en estos momentos difíciles, pero en los que la mayoría de vosotros estáis en casa junto a los peques- les ayudarán no solo a que la estancia forzosa en el hogar sea más llevadera y comprensible sino también para enfrentarse a su vida futura.

Los consejos del pequeño príncipe

Quizás todavía tenéis el libro. Si no es así, se puede descargar o comprar on line, pero es bueno que para que los niños lo entiendan mejor lo lean –con vosotros- en ediciones de papel; las ilustraciones trasladan mejor los consejos.

El otro protagonista del libro, el principal, es un pequeño, rubio y bello príncipe que cae a la Tierra procedente del asteroide B 612. Así lo enumera porque se da cuenta de que los humanos adultos solo entienden las cosas mediante cifras. Pero termina explicando que es un planeta tan pequeño en el que solo cuenta con la compañía de tres volcanes que le llegan a la altura de las rodillas (dos los deshollina a menudo, y el tercero también, por si algún día vuelve a estar activo) y una flor, que riega con esmero todos los días. El Principito, que viaja por distintos planetas hasta que se encuentra con el aviador en el Sahara, donde ha tenido que hacer un aterrizaje forzoso por una avería, se da cuenta que es más feliz con sus pocas cosas que con todas las que cuentan los personajes con los que se topa antes de llegar a la Tierra. Éste es uno de los primeros y más importantes consejos del libro: valorar y cuidar lo que uno tiene.

Paciencia y búsqueda de la amistad

Libro del pequeño príncipe
El pequeño príncipe junto al zorro que quiere ser domesticado

Otro valor fundamental es la paciencia. El pequeño príncipe tarda en encontrar –a lo largo de su periplo por seis planetas- la amistad o la empatía. Un farolero, que solo dispone de su farol y en cuyo planeta los días duran solo un minuto es el único que se ocupa de algo que no es él mismo: su farol, que enciende y apaga varias veces, ya que, al ser los días tan cortos y su planeta tan pequeño que se recorre en pocos pasos, de un lado a otro hay cientos y cientos de puestas de sol. Por otro lado es lo que más le  gusta al Principito. En B 612 hay 43 puestas de sol, y en la Tierra muy pocas.

Entender las cosas que no se ven

Hay otro personaje en el libro que el protagonista valora por su sabiduría. Se trata de un zorro, que quiere ser domesticado, ya que, de esa manera, compartirán amistad y cuidados. El animal le hace entender que “solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”. Es el secreto que el Principito se lleva a la Tierra y que, en sus interminables charlas, desvela al aviador.

Sin embargo, no le gusta el hombre de negocios que se dedica, constantemente, a contar estrellas, solo con el fin de ingresarlas en un banco; posee millones de estrellas, pero no disfruta de su visión, ya que prevalece su avaricia.

Por eso, a lo largo del año en el que viaja por el universo, el pequeño príncipe saca una conclusión clara: la felicidad es simple, hay que simplificarla. También valora más lo que tiene y, sobre todo, la amistad; llora al despedirse del aviador que ha reparado su avioneta. Él, además, tiene que regresar a su asteroide.

El libro puede interpretarse de muchas maneras, todas positivas. Los adultos lo entenderéis mejor en la segunda lectura. Y quizás los niños, aunque lo lean por primera vez y sean pequeños, os den también su interpretación.