Enséñales a ser pequeños jardineros domésticos

No es preciso disponer de jardín; las macetas alegran un balcón, una ventana o el interior de la casa.

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jardineros domésticos

En estos momentos, tristes pero necesarios, en los que –salvo excepciones de servicios de atención primaria, que ya conocemos-, hay que permanecer en casa, sobre todo hay que tener paciencia y esperanza. Y hay que agudizar la imaginación para que los niños, especialmente los más pequeños, al ser menos conscientes de la situación, se entretengan –además de reforzar sus repasos escolares-. Fomentar actividades beneficiosas y complementarias a su educación es básico. Una de ellas, y muy positiva, es animarles a interesarse por las labores de jardinería doméstica, y durante este tiempo de reclusión, enseñarles a como ser jardineros domésticos. Tiene muchas ventajas y valores.

¡Vamos a plantar semillas y esperanza!

Los que ya tenéis experiencia, sabéis que una de las plantaciones más fáciles es la de una judía –a los peques les hará gracia recordar el cuento de “Juanito (o Jack) y las habichuelas mágicas”-. Si los papis sois aficionados, contaréis en casa con material muy básico. Si no es así, también se pueden plantar de manera más rudimentaria, pero divertida. Os contamos las dos.

tierra y semillas para que los niños se entretengan
Plantar semillas, una actividad que les divertirá

En el primer caso, se cubre el fondo de un macetero con un poco de tierra y se aprieta bien. Se pone en el centro la judía o alubia (valen otras semillas del mismo tipo) y se cubre bien con más tierra. Se vuelve a apretar. Al finalizar la tarea, se riega. La tierra debe mantenerse húmeda. Por tanto, el riego se hará según veáis que sea preciso, pero ¡cuidado con regarlas demasiado! Hay que evitar que se ‘ahoguen’.

Sembrad judías sin tierra

Otra forma de plantar una judía de manera más fácil y más clara ante los ojos de los más pequeñines es como un experimento de laboratorio escolar. Poned varias hojas de papel absorbente de cocina, apretadas, en el interior de un tubo de cristal o vidrio y, sobre el papel, poned la judía. Luego, introducir el tubo en un tarro de cristal algo más ancho y echad en él un chorro de agua, que cubra el fondo y ocupe unos 2 o 3 centímetros. El papel se empapará y mantendrá la humedad necesaria para que la planta germine. En el tarro, vuestros aprendices de jardineros domésticos irán viendo cómo crece y si precisa de más agua pasados los días.

Si se plantan otras semillas, como las de manzana, a veces hay que dejarlas toda la noche anterior en remojo, y se deberán poner en la tierra más de una.

Podéis animar a los chicos a llevar un diario de la plantación –junto con vosotros- para describir y ‘supervisar’ luego su crecimiento, el del tallo o las hojas.

Y poned color con las flores

Si disponéis de semillas de flores, la idea les encantará, aunque habrá que esperar a que vean su fruto. La plantación es muy parecida a la de las frutales: se esparcen semillas de flores sobre la tierra de la maceta y se cubren con otra capa, apretándola. En este caso, para que la semilla brote y salga a la luz, es mejor regar con un pulverizador de agua que con regadera o similar. Hasta que las flores aparezcan hay que regar tres veces al día; después, basta con dos o cuando veamos que la tierra se seca.

Ventajas naturales y de la naturaleza

Paciencia. Es uno de los primeros valores que aprenderán. Le siguen Ilusión y autoestima. También tendrán en cuenta que su esfuerzo y trabajo da frutos, aunque sea a largo plazo, pero poniendo ‘gramos’ de entusiasmo cada día. Por otra parte, conocerán mejor los ciclos de la naturaleza y adquirirán conciencia medio ambiental. Y -¿quién sabe?- igual, entre todos, el trabajo en grupo da otros frutos: un apasionante hobby o una futura dedicación laboral. En estos momentos es importante. No es preciso disponer de jardín; las macetas alegran un balcón, una ventana o el interior de la casa.