¿Estás preparado para ser padre o madre?

Una reflexión sobre la necesidad que tienen los padres de formarse para poder ayudar a sus hijos en un mundo muy complejo

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preparado para ser padre o madre

Piensa primero en tu infancia y en tu adolescencia. Haz un repaso detallado haciéndote estas preguntas: ¿Dónde se desarrolló? En casa, la escuela, la calle… ¿Con quién recuerdas hablando?, así, a bote pronto. ¿Cómo hablabais? ¿Cómo te hacía sentir esto?

También, otras preguntas serían: ¿Dónde pasaste los veranos, las navidades, los fines de semana? Intenta recordar cómo celebrabas tu cumpleaños, que regalos recibías, cuántos hermanos tenías y cómo jugabas con ellos. Piensa también que comidas tomabas habitualmente y si variaban los fines de semana. ¿Ibas a menudo al cine? ¿Te acuerdas qué películas veías o cómo te divertías más con los amigos o en casa?

Rememora que relación tenías con tus profesores, padres, abuelos, tíos y primos. ¿Esto te enseñaba algo? ¿Te divertías? ¿Te ponían límites? ¿Cuáles? ¿Respondían a tus preguntas? ¿Qué horarios tenías los días laborables o los festivos? ¿Recibías paga? ¿De qué importe? ¿Sabían tus mayores en que lo gastabas?

Tienes idea de quien compraba tu ropa, tu material escolar, tus juguetes o complementos más adelante. Y, ¿dónde o cómo los elegías? Pregúntate cómo aprendiste a estudiar y a concentrarte, a buscar empleo, a hacer amigos y dónde los conociste mayoritariamente. También a cómo aprendiste a consolarles cuando algo malo les pasaba o a cómo aprendiste a explicar cuando algo no te gustaba e incluso a cómo aprendiste a ligar.

Y la respuesta no es otra que haciéndolo. Es decir, aprendemos a vivir… viviendo. Lo importante de la vida, lo que condicionará nuestras relaciones, nuestros éxitos, se aprende en el día a día cuando somos niños de forma inconsciente. Creamos una serie de hábitos de respuesta para adaptarnos.

¿Cómo aprendemos?

Del mismo modo en que respiramos, nos movemos, nos rascamos cuando algo nos pica, y de forma inconsciente…aprendemos a vivir.

Cuando soy bebé y lloro para que me den comida, aprendo, de forma inconsciente, sin pensar, a pedir a mis cuidadores lo que necesito, porque cuando llore me alimentarán. Cuando más adelante el entorno me exige que se lo pida hablando, entiendo que esa es la nueva forma de conseguir comida. Cuando para conseguir lo que quiero según crezco me van pidiendo (rara vez con palabras y explícitamente) que haga determinadas cosas, entenderé que debo hacerlo así. Esto se aplica mucho más allá de conseguir comida, alcanza cada ámbito de la vida, aprendo interrelacionándome con el entorno como hacer amigos, como ser querido, cómo conseguir diversión, como superar exámenes…

Todo esto lo haré de forma inconsciente. Es decir, frente a una experiencia, observaré el resultado, lo obtenido y determinaré de si esa forma consigo lo que buscaba o no, para guardarlo en mi memoria emocional como bueno o malo. Esto conformará mi ‘mapa mental’, la estructura que voy creando de acuerdo a mi genética y el aprendizaje de mis experiencias para actuar de forma automática, y que configura mi verdad, mi firma de entender el mundo, mi moral, y que será única (nadie tiene una combinación idéntica).Esta es la razón por la que un mismo suceso cada uno lo recuerda de forma diferente y ninguno miente. También es la causa por la que hacemos bandera de lo que está bien o mal para nosotros, cómo verdades absolutas.

Para tomar conciencia de las creencias que determinan tu comportamiento o el de tu hijo/a presta atención a estos dos aspectos:

  • Tus palabras: tus valores, creencias, limitaciones las expresarás en 2ª persona del singular. Utilizando verbos como: “debes”, “tienes” y ”se hace”. Y usando absolutismos cómo siempre, nunca… Ej.:“Tu debes hacer esto así.”“Esto nunca funcionará así”…
  • Las sensaciones corporales: Cuando haces algo en contra de tus valores, tienes sensaciones molestas: picores, ardores…Incomodidad.

Si identificamos los valores de nuestros hijos, podremos ayudarles a que no les limiten en sus decisiones y sean más inteligentes. Al valorar el mayor número posible de alternativas de respuesta, lejos de prejuicios.

¿Por qué nuestros progenitores no se formaron para ser padres?

aprender valores

Hazte ahora las preguntas que he planteado sobre su infancia y adolescencia con respecto al de tu hijo/a…. En tu generación y en las generaciones anteriores, había un entorno más homogéneo, donde los valores que recibías en casa no se diferenciaban de los que recibías en el colegio, en la calle, por la televisión. Los medios de comunicación eran pocos y de limitado alcance, todos ‘remaban’ en la misma dirección. Ahora, tu hijo está expuesto a una media de 2.000 impactos publicitarios diarios, a redes sociales y a muchas influencias fuera de tu alcance. Estos no transmiten las mismas creencias ni tienen los mismos intereses que las personas implicadas en su desarrollo, en su crecimiento; tienen otros objetivos. El mundo en el que tu creciste y tus hábitos son muy diferentes.

Hoy en día, más que nunca, los padres son fundamentales para el correcto desarrollo del menor, corrigiendo los valores equivocados recibidos por otras partes y aportando la información, el recogimiento y los límites que cada menor necesita para llegar a la edad adulta como un individuo equilibrado, feliz y exitoso. Aplicar las normas que aplicaron contigo carece de sentido. Todo cambia y cada vez sabemos más sobre el comportamiento humano.

Por tanto, prepárate para ser padre o madre y responder a estas preguntas: ¿Qué cambios cerebrales, hormonales y físicos radicales están sufriendo tus hijos adolescentes? ¿Cuál es tu función parental más allá de lo que la sociedad, tu entorno, los prejuicios familiares te indican? ¿Cómo comunicarte con tu hijo? ¿Debes aconsejarle? ¿Qué entorno es el ideal para su desarrollo? ¿Castigos? ¿Bajo qué criterio fijarás las horas de vuelta a casa? ¿Qué otros límites y de qué manera fijarás al menor? ¿Cómo relacionarme con sus amigos o con terceros delante de él/ella? ¿Qué valores y de que modo le quieres transmitir? ¿Cómo desarrollar su pensamiento crítico? ¿Cómo asegurarme de que corrijo su comportamiento sin dañar su autoestima, su motivación? ¿Cómo ayudarle a conocerse y valorase? ¿Cómo facilitar la correcta relación con los demás?,¿Cómo actuar si se produce un divorcio?…

Si quieres seguir informándote, reflexionando y conociendo técnicas, visita el canal nuestra colaboradora Pilar García Gil en Youtube “La Adolescencia de mi Hijo”.