Madrid, barrio a barrio, con niños (IV): Centro

El distrito más antiguo de todos a los que hacemos referencia en esta serie

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plaza mayor distrito centro de Madrid

Madrid, Madrid, Madrid… Seguro que muchos habéis oído (y varias veces) el famoso chotis que el cantante y compositor mexicano Agustín Lara hizo inmortal desde que la escribió e interpretó a partir de los años 40 del siglo XX. Lo convirtió, posiblemente, en el más castizo de los himnos, aunque no conoció la capital –como tampoco Granada, ciudad a la que dedicó otro tema mítico- hasta muchos años después. Pero quizás este himno sea el más popular y el que se ha identificado más con el distrito histórico de la capital, el de Centro, el que acoge los barrios de Lavapiés, La Latina, Malasaña, Chueca, el Barrio de las Letras, el Madrid de los Austrias y el de los Borbones, el más antiguo de todos a los que hacemos referencia en esta serie.

Un distrito histórico, villa y Corte

distrito centro Madrid

La primera constancia que se tiene del ‘centro’ de este distrito es del siglo IX, cuando el emir de Córdoba Muhamad I decide elevar una fortaleza en el lugar que hoy se asienta el Palacio Real y bautizar el territorio con el nombre de Magerit. No fue territorio cristiano hasta cien años después y recibió el título de villa en 1123. Pero elevó su estatus cuando el monarca Felipe II decidió, en 1561, instalar la corte en esta capital, motivo por el que se empezaron a construir edificios –hoy históricos y monumentales- en el actual Madrid de los Austrias.

Pero fue Carlos III, conocido también como ‘el mejor alcalde de Madrid’- el que, en el siglo XVIII, a imagen y semejanza de París, más hizo por convertir la villa en lo ‘más grande’ con la construcción del Palacio Real, la fuente de Cibeles y con la Puerta de Alcalá –reconocida como Monumento Histórico Artístico y en la que está impreso su nombre-.

Ya con la llegada al trono de Isabel II, en 1833, y a lo largo de ese siglo, se construyó el edificio del Congreso de los Diputados, cerca de otro símbolo de la capital, la Puerta del Sol. La Plaza Mayor es anterior. Fue inaugurada como tal en 1619, cuando ya comerciantes de diferentes gremios vendían sus productos en la que fue anteriormente Plaza del Arrabal, espacio formado sobre la laguna de Luján cuando ésta se secó.

Zona turística 100% con gran oferta cultural

Con su crecimiento, la edificación monumental y la repoblación, ya a finales del siglo XIX la almendra de la capital se convirtió en una zona de referencia, y, a partir de inicios del siglo XX, en la zona más turística de Madrid. Hoy lo sigue siendo, ya que su oferta paisajística, cultural y gastronómica es muy amplia. ¿Quién no se ha fotografiado junto a la escultura de El oso y el madroño en la Plaza Mayor?

Hay mucho que ver en el centro de la capital. Empezamos por el Palacio Real, en el que actualmente (y con todas las medidas de seguridad vigentes) se pueden realizar visitas libres a los salones durante 45 minutos o visitas libres a la Real Armería en recorridos de 30 minutos. El horario hasta el 1 de abril es de lunes a sábados, de 10:00 a 18:00, y los domingos, de 10:00 a 16:00. Los precios (con reducción de tarifas del 50% actualmente) parten de los 3 euros de la exposición La otra Corte, por ejemplo. Pero un plan interesante con peques y que ya os hemos reseñado es la de conocer las estancias y utensilios de la Real Cocina. Por los menores de 5 años no se paga. Más información en entradas.patrimonionacional.es.

Programación teatral y de ocio infantil

ocio con niños en Madrid

Esta zona alberga también teatros y centros culturales que programan espectáculos y actividades para todas las edades. Uno de los teatros históricos es el Teatro Español y sus Naves, que a menudo, ponen en escena obras para los más jóvenes de la casa. Fue Felipe II quien, en 1582, decidió crear en la calle del Príncipe un lugar para la representación de comedias, el embrión del teatro que hoy conocemos como tal y que en principio se llamó Teatro del Príncipe.

Desde el pasado septiembre (y hasta el próximo 31 de julio) el Teatro Español y Naves del Español inauguraron un espacio que insta al público a intervenir y disfrutar de un lugar que sube el estado de ánimo. Y el lugar es una zona recuperada llamada al desguace, un habitáculo con una caravana y luces de neón, que decidió restaurarse y bautizarse con el nombre de Alegría. Se trata de una muestra positiva en un convoy o roulotte, lo que muchos han definido como un contenedor de optimismo, en el que se dan cita historias y objetos que conducen a un estado alegre.

La exposición puede verse en las Naves del Español, en el Paseo de La Chopera, 14, en el distrito de Arganzuela, pero con la organización del Teatro Español. La programación de este histórico teatro, en la calle Príncipe, 25, durante todo 2021 la podéis consultar en su web (teatroespanol.es).

Lo que hoy es el Centro Cultural Conde Duque, uno de los más reconocidos de la capital, fue desde principios del siglo XVIII Real Cuartel de Guardias de Corps, un cuerpo de élite de los reyes, cuando Felipe V, primer monarca de la dinastía Borbón, llegó al trono. Dos siglos después se convirtió en Cuartel General hasta 1969. Ya en 1975 y declarado Monumento Histórico-Artístico un año después dejó su labor militar. Desde 1983 es  centro cultural con planes culturales muy interesantes para toda la familia.

Os recomendamos uno de ellos, programado hasta el 30 de abril de este año, Danzas Mínimas. Se trata de un ciclo de talleres dirigido por Laura Bañuelos para atraer a familias –con peques de la primera infancia- para jugar, bailar y moverse, y con música. Tienen lugar todos los sábados, de 11:00 a 12:15 y el precio es de 6 euros por familia (cada dos personas). Podéis consultar más actividades en la web condeduquemadrid.es.

Desayunos y comidas castizas y muy buenas

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Vayamos, una vez más, al templo del chocolate en el centro de Madrid, San Ginés, un bar-cafetería de excelente producto: churros con chocolate, fundado en 1894. Cercano a la Puerta del Sol, está abierto todos los días del año. Primero fue hospedería y hoy recuerda a los nostálgicos cafés de finales del siglo XIX (mostrador incluido). Es lugar de referencia del primer día del año, y de todos los demás.

Una buena manera de que los peques y vosotros consumáis, entre otras cosas, pescado de calidad y, especialmente bacalao, es acudir a otro local mítico, a dos pasos de la Puerta del Sol (en la calle Tetuán, 12). Nos referimos a Casa Labra, una taberna fundada en 1860. Sus croquetas de este pescado (pero no solo ellas) son excelentes; su tapería es de 10.

Ahora, si ya optáis por una comida más contundente –o reconfortante, según gustos- podéis acudir a Casa Botín –hoy Sobrino Botín-, que ostenta el récord del restaurante más antiguo del mundo (abrió sus puertas, en la calle Cuchilleros, 17, en 1725). Su cocido es el más destacado por los mejores críticos gastronómico, pero también son de excelencia el cochinillo o el cordero asado al estilo segoviano.

Muy cerca de Sobrino Botín y de la Plaza Mayor (calle Santa Teresa, 8) hay otro restaurante en el que reconfortarse con otro cocido espectacular (y mucho más), Nuevo Horno de Santa Teresa. A la excelente propuesta gastronómica hay que añadir la buena atención. Junto al cocido ‘de siempre’ destacan otras buenísimas propuestas de la cocina mediterránea, en ambiente familiar, con buena materia prima. ¡Ah, y los postres!

Pero en este recorrido no nos podemos olvidar de los pinchos por el Madrid mas castizo, el ‘tapeo’, y del que ya os hemos hablado anteriormente.

Y bellos paseos por el centro de la capital

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Todo el centro urbano tiene el encanto de trasladarse a otra época. Los paseos por el Barrio de La Letras, por la Plaza Mayor –con paraditas para el terraceo y el tapeo-, por la Cava Baja… Todo tiene su encanto; es como vivir dentro de una novela de Pérez Galdós. Pero si algo destaca son los Jardines de Sabatini del Palacio Real, al que ‘volvemos’ para disfrutar de un conjunto con estanques, setos, fuentes, estatuas… de estilo neoclásico, y todo perfectamente trazado geométricamente. Construidos en los años 30, fueron reabiertos al público en 1978 y es un placer pasear por ellos y, sentados en uno de sus bancos, respirar y soñar.