«Mi hija se ha hecho mayor de repente y está contra el mundo»

287
adolescentes

Así, de un día para otro, os dais cuenta de que vuestro niño o niña se ha convertido en un hombrecito o en una mujercita y, además, con mucho carácter. Posiblemente ronde la edad de los 11 a los 14 años, la preadolescencia. Ante cualquier propuesta o pregunta que venga de vuestra parte responde –aparentemente de mala gana- con un movimiento de cabeza, de negación o afirmación, o simplemente con un sí o un no, con monosílabos y con apatía. Pensáis: “está contra el mundo”.

En otras ocasiones notáis el cambio en un acto que denota rebeldía, oposición. Es normal, no deben saltar las alarmas. Al menos, es normal hasta ese punto. Así nos lo hace saber la psicóloga y psicoanalista Blanca Munguía (*), que ha respondido a nuestras preguntas ante la inquietud de algunos padres por esta conducta. “A nosotros no nos pasaba a su edad”, nos han comentado algunos.

«La ‘pelea’ con los padres es normal… Eso sí, gestionando sus primeros intentos de autonomía»

 “La rebeldía es algo necesario y que hoy se tolera mal y se interpreta como algo que da problemas. La protesta es la manera que tenemos los humanos de crecer mientras que encontramos otro modo de hacerlo”, comenta la especialista. “Lo que a veces no se entiende es que los chicos estén superprotegidos y que reaccionen de esa manera. Pero es precisamente por eso, por la sobreprotección –continúa-. La ‘pelea’ con los padres es normal y se la deben permitir; eso sí, gestionando sus primeros intentos de autonomía y separación, pero siendo conscientes de que la oposición es necesaria”.

«Es imprescindible observarlos y escucharlos. Hay que estar atentos»

Pero, ¿cómo podéis gestionar esa oposición?, os preguntaréis. Pues quizás teniendo claro que los chicos no tienen una ‘piel tan fina’, que deben aprender a reflexionar y a sacar sus propias conclusiones. Claro, para eso precisan de vuestra ayuda. La etapa de negación siempre ha existido. Han cambiado los tiempos y la forma de expresarlo. Ahora, a los adultos, nos preocupa más, porque en muchas ocasiones dudamos de lo que hay detrás y hay que tener tacto, pero también determinación, para que ellos lo expresen. Muchos padres plantean la solución con el hecho de hablar con ellos, mantener una conversación, “pero el niño –señala Munguía- no sabe si quiera lo que tiene que hablar. Lo que es imprescindible es observarlos y escucharlos. Hay que estar atentos; es muy importante. Ellos terminarán hablando, sin presiones”.

¿Dónde están los límites?

Otras veces reaccionan con una mala respuesta. Ahí están los límites. Según comenta la especialista, “es mejor que el ‘castigo’ –siempre que se entienda como un castigo no físico- se reciba en casa, a que el acto se produzca fuera del hogar”. En el fondo, se trata de una etapa por la que hay que pasar y que los preadolescentes –y, algo después, los adolescentes- parecen vivir de manera traumática (algo que influye en los progenitores), pero que es necesario para que descubran los valores que les ofrece su entorno.

Mantened la mirada atenta, sin sumar importancia

En cualquier caso, nos referimos a actos de rebeldía dentro de unos límites ‘normales’: se avergüenzan de que alabéis algo de ellos en público, de que les indiquéis cómo deben vestir. Quieren independencia y no les apetece que los acompañéis al colegio o que os intereséis por sus planes con sus amigos. Terminarán contándolo, expresándolo… Eso sí, observad su conducta, sin que lo noten. Tampoco es algo que ocurra con todos los chicos de su edad, pero, como en todo, si ocurre dentro de unos parámetros ‘normales’ no hay que alarmarse. En otros casos más graves hay que pedir ayuda profesional. A veces debemos despertar nuestra memoria (¿quién no ha tenido un pequeño acto de rebeldía?). No restemos importancia, pero tampoco la sumemos. La mirada atenta es lo imprescindible.