Quiero vacaciones ya… a pesar de Sánchez, el Covid y Don Simón

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vacaciones sin mascarillas

Quien me iba a decir que iba a echar de menos las playas atestadas, los gritos de los niños mientras corren y sepultan mi toalla en toneladas de arena, los timos de los chiringuitos con esas gambas recién pescadas en… Carrefour, las peleas por buscar una plaza para aparcar, las primeras quemaduras del año, las sirenas y tritones que se exhiben por la orilla y que como acto reflejo te hace tensar la tripa, los vendedores de souvenirs africanos fabricados en China, los mosquitos del tamaño de un gorrión, los atascos de salida de la ciudad, la crema protectora pringosa, la repetitiva frase «papá, mamá, ¿cuándo llegamos?«.

Y creo que hasta echo de menos que la wifi del apartamento sea, como siempre, una porquería, que el anterior inquilino fuese güiri y hubiese sintonizado la tele en canales extranjeros, que cada día haya que ir al súper a por un montón de garrafones de agua. ¿Qué hace mi familia con ellas? Se bañan…

Tampoco me va a importar tener que realizar el obligatorio paseo de la tarde para comprar los clásicos helados italianos, supongo que fabricados por Frigo, y esperar minutos interminables hasta que los niños encuentran la combinación ‘perfecta’: cucurucho con tres bolas, una de sabor chicle, otra de pistacho y la última de turrón. ¡Joder, así no puede salir una generación bien! ¿Dónde están esos días en los que había solo cuatro opciones: fresa, chocolate, nata y vainilla? Y combinaciones las justitas. Pues este año me voy a tomar un helado, aunque los detesto, vaya.

Hacer las maletas no es tan duro

Es bien cierto que la mayoría de los coches actuales tienen un maletero pequeño para una familia. Y eso que se ha suprimido la rueda de repuesto por un spray del que dudo su eficacia y que espero no tener que utilizar este verano. Pero esto no es un problema, salvo que tengas un bebé a bordo, claro, porque todo el mundo te ayuda y llevan la ropa justita. Bañador, unas camisetas y un pantalón de de reserva. (Por supuesto hablo exclusivamente de los varones. Las féminas es otro cantar).

Pero me da lo mismo que surjan estos problemillas. Este año solo quiero irme de vacaciones y ‘disfrutar’ de todas las incomodidades. ¡Dios, como las añoro! Lo malo es que no recuerdo si hay restricciones a donde voy, si como nos dijo Sánchez el año pasado ya hemos derrotado al virus o como dice ahora (a través de su inepta ministra), hay que quitarse las mascarillas, que se nos vea la sonrisa.

¡Qué más da que los jóvenes y adolescentes sean auténticas bombas víricas y hayan vuelto de los campamentos o de las juergas veraniegas dando positivo! Perdón, parece que he patinado y eso lo dijo el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, socialista con nombre compuesto pijo y trajes baratos de Cortefiel. Siempre que le veo en la tele con su corbatita pasada de moda creo que le falta uno de esos pisacorbatas tardeo franquistas con la insignia de su Comunidad. Supongo que algún asesor de imagen le dijo que estaban un poco pasados de moda.

Jóvenes superinfectados

Y este problema que han creado no es baladí. Anunciar a bombo y platillo que no eran necesarias las mascarillas en el exterior fue entendido por la juventud como el fin de la pandemia. Y, claro, vino el despendole, las juergas, los botellones, los besos, los abrazos y, por supuesto, los contagios. Actualmente la gran mayoría de los contagiados son jóvenes sin vacunar que, aunque salvo en casos contados pocos acaban en la UCI, si que han transmitido la enfermedad a los más mayores, incluso a los que tienen la pauta de vacunación completa.

En fin, que se puede esperar de un Gobierno que primero nos dijo que no podíamos utilizar mascarillas, que eran malas (para seguir vivos, claro) y que costó la vida a decenas de miles de españoles; que luego en una superconferencia de prensa el presidente del Gobierno dijera triunfalmente ¡Hemos derrotado al virus! (implícitamente nos recomendaba ir al desmadre) y que costó la vida de otras decenas de miles de personas, y que ahora, para finalizar, nos anima a quitarnos las masacarillas, a enseñar la sonrisa, (personalmente creo que sería mejor que nos alentase a quitarnos el bañador, a quedarnos en bolas pero a llevar la mascarilla). Si bien es cierto que no están muriendo tantas personas, sí que es verdad es que la quinta ola se ha disparado y no sabemos donde nos puede llevar.

Así que, aunque tengamos preparadas las vacaciones al milímetro, este año tenemos la espada de Damocles sobre nuestras cabezas hasta el último momento de salida por si un hijo nuestro da positivo en las temidas PCR o test de antígenos. Algo no tan difícil a tenor de varios casos de los que he tenido conocimiento de familiares y amigos en la última semana.

Pero a mí me da igual. Quiero vacaciones ya y yo me voy con restricciones o sin ellas, con hijos o sin hijos y con las ruedas cambiadas o no. Y lo que puedo aseguraros es que el tinto de verano no será de Don Simón.